El Renault 4CV y el Citroën 2CV: rivalidad por la movilidad popular

A finales de los años cuarenta, dos turismos nacidos en Francia trataron de resolver el mismo reto: poner al alcance de millones de ciudadanos un automóvil barato, austero y fiable. El Renault 4CV, mostrado en el Salón de París de 1946, y el Citroën 2CV, presentado en 1948, encarnaron dos respuestas opuestas a idénticas necesidades. Su coincidencia en el calendario, unida a la enorme popularidad de ambos, los convirtió durante una década en rivales silenciosos del segmento utilitario galo.

La inmediata posguerra francesa arrastraba cartillas de racionamiento, una red viaria muy deteriorada y un parque móvil envejecido. Comprar un coche se había vuelto un gesto político, alentado por el Estado con créditos blandos y primas a la exportación. En ese contexto, las fábricas de Billancourt y de Quai de Javel diseñaron productos minimalistas llamados a sustituir, por fin, a la bicicleta y al transporte colectivo.

Documentación interna rescatada por la redacción de Pistón Clásico muestra que ambos proyectos compartieron proveedores, bancos de pruebas e idénticos ensayos de fatiga, aunque sus equipos directivos nunca llegaron a sentarse formalmente para repartirse el mercado. Esa pugna tácita, hecha de gestos comerciales más que de declaraciones oficiales, define una etapa irrepetible de la historia industrial europea.

Orígenes en la posguerra y el proyecto 106E

Para entender la génesis del 4CV es imprescindible retroceder hasta 1941, cuando la dirección de Renault aprobó un programa bautizado internamente como proyecto 106E. Coordinado por Pierre Lefaucheux y desarrollado por un equipo reducido encabezado por Charles Weiffenbach, aquel utilitario se concibió en secreto, con prototipos escondidos en granjas y sótanos para eludir las inspecciones alemanas durante la ocupación.

La Liberación dañó parte de las instalaciones de Billancourt, pero los planos se habían dispersado y muchos componentes se salvaron del expolio. Cuando en octubre de 1946 la marca pudo exhibir el modelo en el Salón de París, los ingenieros contaban ya con dos años de ensayos en carreteras francesas. La producción en cadena comenzó en julio de 1947 y la demanda superó inmediatamente a la oferta, generando listas de espera de varios años.

Este origen clandestino marcó el carácter del cuatro caballos: un turismo fabricado con la urgencia de la reconstrucción, pero diseñado con el oficio acumulado durante la década anterior. Las primeras unidades salieron con carrocería gris oscuro, tapizado de fibras vegetales y un equipamiento espartano pensado para los largos períodos de mantenimiento programado.

La ingeniería del 4CV: motor trasero, cuatro cilindros y ligereza

La pequeña berlina de Billancourt sorprendió a la industria europea por su arquitectura: motor trasero de cuatro cilindros refrigerado por agua, caja de cambios sincronizada de tres relaciones y tracción a las ruedas posteriores. El bloque entregaba 19 caballos fiscales, alrededor de 30 reales, con una cilindrada de 760 centímetros cúbicos elegida para mantenerse por debajo de un umbral impositivo agresivo.

La carrocería autoportante, ligera y redondeada, mostraba parabrisas curvado, faros integrados y una trasera truncada que evocaba a los coupés deportivos de preguerra. Weiffenbach había aplicado nociones aerodinámicas aprendidas durante la guerra, reduciendo el coeficiente de penetración sin encarecer la fabricación. El depósito, instalado delante del motor, mejoraba el reparto de pesos y reducía el riesgo de incendio tras una colisión.

Esa combinación acercó al turismo a la competición desde fechas tempranas. Su bajo peso, alrededor de 720 kilogramos, y la ubicación del propulsor permitían reacciones ágiles en curvas cerradas, mientras que la rigidez estructural admitía refuerzos específicos para versiones deportivas que entregaban hasta 60 caballos con retoques técnicos mínimos.

La filosofía opuesta del Citroën 2CV

En el otro extremo del Hexágono, Citroën maduraba un proyecto que llevaba dormitando desde los años treinta. Pierre-Jules Boulanger había encargado a Flaminio Bertoni y André Lefèbvre un vehículo capaz de cruzar un campo recién arado transportando una cesta de huevos sin romperlos. La propuesta se denominó "Toute la France" y acabó bautizada como Deux Chevaux, en referencia a los caballos fiscales exigidos por la normativa.

El resultado fue radical: suspensión de largo recorrido con muelles horizontales, carrocería ultraligera de chapa ondulada, motor bóxer de dos cilindros refrigerado por aire y tracción delantera. Con apenas nueve caballos fiscales, el dos caballos prescindía de cualquier concesión al bienestar, pero ofrecía un confort de marcha inédito gracias a las tirantas y a unos asientos tipo hamaca que se amoldaban al cuerpo del usuario.

La presentación oficial tuvo lugar en julio de 1949, casi dos años después del cuatro caballos, precedida por una campaña que lo definía como "un paraguas con ruedas". La prensa especializada recibió al modelo con escepticismo, pero agricultores, profesionales liberales y estudiantes lo adoptaron de inmediato, encumbrándolo a símbolo de una Francia sencilla y polivalente.

Posicionamiento comercial y público objetivo

Las redes comerciales de ambas marcas aplicaron estrategias muy distintas para colocar sus respectivos utilitarios. Renault se apoyó en su capilar concesionaria de siempre, sumando planes oficiales de ahorro vinculados al rendimiento industrial del país. Citroën, en cambio, recurrió a acuerdos con cooperativas agrícolas y a la imagen de robustez rústica, entrando en plazas donde apenas tenía representación previa.

La diferencia de precio durante los primeros años fue determinante. El modelo de Billancourt se posicionó como medio-bajo con equipo completo de serie, accesible a asalariados urbanos gracias a las primas del Plan Marshall. El de Javel arrancó aún más barato, aunque con un equipamiento espartano que muchos compradores completaban con accesorios opcionales.

Sorprendentemente, ambas enseñas firmaron una suerte de pacto tácito de no agresión. La prensa francesa llegó a hablar de una "doble solución" al problema del transporte popular: el Renault para quien buscaba apariencia convencional y el Citroën para quien primaba la polivalencia y el coste de uso.

Cuatro claves de la pugna silenciosa que mantuvieron en los concesionarios:

El 4CV en competición y la imagen deportiva

Aunque nació como utilitario, el turismo de Billancourt se convirtió en uno de los más laureados de su segmento. Pequeños talleres y pilotos privados lo prepararon desde fechas tempranas para pruebas tan exigentes como las 24 Horas de Le Mans, la Bol d'Or y el Rallye Monte Carlo, con resultados inesperados para un vehículo de cilindrada modesta.

Amédée Gordini, instalado en un taller del barrio parisino de Pantin, fue el artífice de la metamorfosis. Sus preparaciones específicas elevaban la potencia hasta los 60 caballos en configuración racing, manteniendo la fiabilidad del bloque original. Una unidad especialmente afinada firmó en 1951 un meritorio tercer puesto en su categoría en Le Mans, hecho que encumbró al modelo y despertó el interés de los amateurs.

Las victorias en rallyes nacionales e internacionales se multiplicaron durante la década, con nombres como Jean Heuliez, Pierre Paturel y Gérard Laureau. Esta trayectoria cimentó la reputación deportiva de la marca y sirvió de banco de pruebas para el futuro Alpine A106, heredero directo del cuatro cilindros trasero.

Producción, evoluciones y retirada de ambos modelos

El cuatro caballos permaneció en el catálogo de Renault hasta 1961, cuando fue reemplazado por el Dauphine, un turismo más grande que aprovechaba la experiencia acumulada. A lo largo de su vida se introdujeron nuevas coloraciones, una suspensión revisada, una variante familiar 4CV Break en 1956 y un ligero restyling en 1958. Las cifras de producción superan el millón cien mil unidades entre 1947 y 1961.

El modelo de Javel, en cambio, gozó de una vida comercial muchísimo más larga. De 1949 a 1990 atravesó generaciones sucesivas que incorporaron mejoras de confort, motorizaciones más capaces y series limitadas celebradas por los coleccionistas, caso del Charleston bicolor de 1980. Sobrevivió a crisis del petróleo, cambios normativos y modas estéticas sin perder un ápice de su personalidad.

Esta longevidad asimétrica ha condicionado la percepción actual de ambos utilitarios. Mientras el dos caballos se ha convertido en icono pop reconocible al instante, el cuatro caballos ha permanecido más ligado al círculo de aficionados y restauradores, que lo redescubren como ejemplo paradigmático de la ingeniería francesa de posguerra.

Modelos derivados y sucesores más representativos:

Legado y huella cultural de los pequeños utilitarios

La huella de ambos modelos en la memoria colectiva europea es profunda, aunque desigualmente repartida. El turismo de Javel ha ocupado portadas de películas, canciones y campañas publicitarias; el de Billancourt, en cambio, se recuerda sobre todo por su perfil técnico y por haber abierto la puerta a la deportividad de producción en serie.

En el plano industrial, ambos demostraron que la austeridad no estaba reñida con la identidad de marca. El cuatro caballos cedió su arquitectura al Dauphine, al 8 Gordini y a buena parte del linaje deportivo inicial. El dos caballos sentó las bases del Dyane, del Mehari y de incontables derivados de pequeñas marcas artesanales.

Las cifras de conservación hoy son reveladoras: los clubes especializados estiman que sobreviven más de cien mil unidades del Citroën, frente a apenas quince mil del Renault. Esta diferencia obedece a la longevidad productiva del primero, pero también al rigor con el que Renault gestionó la transición hacia el Dauphine y al desguace prematuro de muchas unidades tras la guerra.

Característica Renault 4CV Citroën 2CV
Lanzamiento 1947 (presentado 1946) 1949 (presentado 1948)
Configuración Motor trasero, RWD Motor delantero, FWD
Cilindrada 760 cc 425 cc inicial, 602 cc posterior
Caballos fiscales 4 CV 2 CV
Refrigeración Agua Aire
Carrocería Berlina 4 puertas monocasco Berlina 2/4 puertas, chapa sobre chasis ligero
Peso 720 kg aprox. 590 kg aprox.
Velocidad máxima 110 km/h aprox. 65-80 km/h según versión
Producción 1947-1961 1948-1990
Unidades fabricadas más de 1,1 millones más de 3,8 millones