El Bentley Speed Six: la bestia de seis litros de Le Mans
Pocas máquinas resumen mejor el romanticismo de la alta competición de los años veinte que el Bentley Speed Six. Este gran turismo inglés, nacido en Cricklewood a finales de la década de 1920, se ganó un lugar propio en la historia del automovilismo al conquistar el Circuito de la Sarthe en dos ediciones consecutivas. Su silueta alargada, su motor de seis cilindros en línea de casi siete litros de cubicaje y la leyenda de los pilotos que lo domaron siguen despertando fascinación entre historiadores y coleccionistas.
El Speed Six representa una etapa clave en la consolidación de Bentley como constructor de referencia en la categoría de resistencia. Mientras otras marcas europeas apostaban por la ligereza y la sofisticación técnica, la firma inglesa respondió con una filosofía muy distinta: potencia abundante, chasis robusto y una elegancia exterior que anticipaba el lenguaje formal del gran turismo británico de posguerra. Su huella se dejó sentir tanto en las victorias en pista como en el modo en que los fabricantes posteriores concibieron los modelos destinados a clientes adinerados y pilotos amateurs.
Orígenes del Speed Six dentro de Bentley Motors
Walter Owen Bentley había fundado su empresa en 1919 con la premisa de construir coches rápidos, bien acabados y mecánicamente honestos. Tras el éxito del 3 Litre y del 4½ Litre en Brooklands y en las primeras ediciones de Le Mans, la dirección de la marca consideraba que había llegado el momento de ampliar la oferta hacia un nivel de prestaciones y refinamiento claramente superior. Esa ambición cristalizó en 1928 con la aparición del Speed Six, denominación que describía tanto la nueva cilindrada como la orientación deportiva del modelo.
El chasis derivaba directamente del 4½ Litre, aunque se prolongaba ligeramente para alojar un motor de mayor longitud. La estructura, de acero estampado, se reforzaba en los pasos de rueda y en la zona del túnel central para soportar el incremento de par y las vibraciones de un propulsor que superaba con holgura los cien caballos en su versión de serie. Sobre este chasis se montaban carrocerías realizadas por prestigiosos talleres británicos como Mulliner, Park Ward o Vanden Plas, que ofrecían desde elegantes berlinas hasta espectaculares biplazas Sportman. La producción del Speed Six se extendió apenas entre 1928 y 1930, con un número limitado de unidades que raramente alcanzaba las doscientas cincuenta cuando se suman todas las variantes.
El seis cilindros en línea de 6½ litros
El corazón mecánico del Speed Six era un seis cilindros en línea con bloque y culata de fundición, que cubicaba exactamente 6.597 centímetros cúbicos. La distribución se confiaba a un único árbol de levas lateral accionado por engranajes, una solución robusta y de mantenimiento relativamente sencillo para la época. Cada cilindro disponía de dos válvulas accionadas por varillas y balancines, mientras que la alimentación se encomendaba a uno o dos carburadores SU según la preparación.
En configuración estándar, la potencia rondaba los 147 caballos a 3.500 revoluciones por minuto, una cifra ya notable para un motor atmosférico de preguerra. La verdadera magia aparecía en las versiones de competición desarrolladas por el equipo oficial: con relación de compresión elevada, colectores optimizados y magnesio en algunos componentes auxiliares, el propulsor llegaba a entregar más de 200 caballos, suficiente para empujar al pesado Bentley por encima de los 160 kilómetros por hora en línea recta. El cambio de marchas era una caja manual de cuatro relaciones, sin sincronizar en las primeras unidades, con palanca central y embrague monodisco en seco.
Las dos victorias consecutivas en Le Mans
El capítulo más brillante del Speed Six se escribió en el Circuito de la Sarthe durante las ediciones de 1929 y 1930. En la prueba de 1929, Woolf Barnato y Henry Tim Birkin llevaron al modelo hasta la victoria después de una carrera exigente en la que la fiabilidad fue más determinante que la potencia bruta. Frente a rivales italianos y franceses técnicamente más avanzados, el Bentley demostró que un coche pesado, bien pilotado y preparado con esmero podía doblegar la adversidad mecánica de las veinticuatro horas.
La edición de 1930 confirmó la hegemonía del modelo. Barnato, esta vez acompañado por Glen Kidston, repitió triunfo mientras un segundo Speed Six oficial, pilotado por Birkin y Jean Chassagne, terminaba en segunda posición. El doblete resultó devastador para la competencia y consolidó la imagen del Speed Six como el rey incontestable de las carreras de resistencia europeas de su tiempo. Las famosas Sleeping Beauty fotografiadas en boxes, con sus carrocerías Sportman pintadas en verde British Racing, forman parte del imaginario visual del automovilismo clásico y siguen inspirando reproducciones, maquetas y pósters en cualquier museo dedicado a la marca.
Los Bentley Boys y la cultura del paddock
Detrás de cada Speed Six había un piloto con biografía de película. Los conocidos como Bentley Boys eran un grupo heterogéneo de aristócratas, gentlemen racers y deportistas aficionados que concentraron buena parte de la actividad competitiva de la marca entre 1927 y 1930. Barnato, financiero y presidente del concesionario de Brooklands, Birkin, corredor temerario aficionado a las bufandas blancas, o Kidston, aviador y piloto de rallies, formaban parte de un círculo reducido pero muy mediático que contribuyó a popularizar la marca en la prensa ilustrada europea.
Estos personajes también influyeron directamente en el desarrollo mecánico del Speed Six. Birkin insistía en versiones aún más extremas del motor, mientras que Barnato prefería coches más civilizados, aptos para circular por Londres y para competir el fin de semana. La cultura del paddock de la época giraba en torno a Brooklands, el circuito ovalado de Surrey donde se probaban las mecánicas antes de cada carrera. Esa metodología empírica, heredada de la aeronáutica, dotó a la marca de una reputación de fiabilidad que contrastaba con la imagen puramente elitista de la competencia continental.
Comparativa con sus rivales de la preguerra
Para entender la verdadera dimensión del Speed Six conviene situarlo frente a los modelos que disputaron con él las grandes pruebas de resistencia a finales de los años veinte. Las características clave de los principales contendientes se resumen a continuación.
| Modelo | Motor | Potencia aproximada | Peso en orden de marcha | Mejor resultado en Le Mans (1929-1930) |
|---|---|---|---|---|
| Bentley Speed Six | 6 cilindros en línea, 6,6 L | 147-200 CV | 2.300 kg | 1º (1929 y 1930) |
| Alfa Romeo 6C 1750 | 6 cilindros en línea, 1,75 L | 70-85 CV | 1.150 kg | Retirado (1929), 2º (1930) |
| Mercedes-Benz SSK | 6 cilindros en línea, 7,1 L sobrealimentado | 170-225 CV | 1.700 kg | Retirado (1929 y 1930) |
| Stutz Blackhawk | 8 cilindros en línea, 4,1 L | 110 CV | 1.900 kg | 3º (1929) |
| Bugatti T43 | 4 cilindros en línea, 2,3 L | 120 CV | 1.100 kg | Retirado (1929), retirada (1930) |
Lo primero que revela la comparativa es el contraste de filosofías. Mientras Bentley, Stutz y Mercedes-Benz apostaban por motores grandes y coches pesados, Bugatti y Alfa Romeo defendían la escuela de la ligereza y la agilidad. El Speed Six sobresalía por su capacidad de cubrir largas distancias sin penalizar a sus pilotos, una virtud confirmada en la fiabilidad demostrada durante las veinticuatro horas francesas. Otra diferencia notable era el sistema de frenos: Bentley confiaba en soluciones mecánicas con servoasistido opcional, mientras que Bugatti ya ofrecía frenos hidráulicos en algunas variantes y Mercedes-Benz había adoptado sistemas servoasistidos de diseño propio.
Legado en la Bentley moderna y en la cultura popular
La huella del Speed Six en la marca que lleva su apellido va mucho más allá de las victorias de Le Mans. Cuando Bentley fue relanzada en los años ochenta por Vickers y posteriormente integrada en el Grupo Volkswagen, el departamento de diseño recurrió a menudo al Speed Six como referencia formal y mecánica. La línea del capó, la rejilla Matrix y la proporción entre habitáculo y voladizos tienen su origen visual en modelos de preguerra como el que nos ocupa.
El coche también ha aparecido en el cine, la literatura y los libros de historia del automóvil con notable asiduidad. Biografías de W.O. Bentley, ensayos sobre los Bentley Boys y monografías dedicadas a las carreras de resistencia de los años veinte suelen dedicar capítulos enteros a este modelo. De hecho, la revista Pistón Clásico ha explorado en varias ocasiones cómo la estética del Speed Six influyó en el renacimiento del gran turismo inglés posterior a la Segunda Guerra Mundial. En la cultura popular, el Speed Six se asocia todavía con la imagen del gentleman driver que combina smoking de etiqueta, bufanda de seda y volante de grandes dimensiones, una iconografía explotada por la marca en sus campañas conmemorativas.
Supervivientes, restauraciones y mercado actual
Hoy se conocen poco más de 180 Speed Six originales en distintos estados de conservación, según los registros del Bentley Drivers Club y de las principales casas de subastas europeas. La mayor parte de los supervivientes se reparte entre Reino Unido, Estados Unidos, Australia y Francia, aunque en las últimas décadas han aparecido unidades en colecciones privadas de Japón, Alemania y Argentina, fruto de exportaciones realizadas durante los años setenta y ochenta.
El valor de mercado de un Speed Six en buen estado ha experimentado un crecimiento sostenido desde principios del siglo XXI. Mientras que a finales de los años noventa era posible encontrar unidades por cifras cercanas a los 300.000 euros, las transacciones más recientes en subastas especializadas como Bonhams o RM Sotheby's han superado los dos millones de euros cuando se trata de versiones con carrocería Sportman o con historial deportivo documentado. Los coupés de Mulliner con techo fijo y los sedanes de Vanden Plas cotizan ligeramente por debajo, pero también han duplicado su valor en la última década, confirmando al Speed Six como uno de los clásicos de preguerra más codiciados del momento.
Pautas para aficionados y coleccionistas
Para quienes se acercan por primera vez al universo del Speed Six, conviene tener presente una serie de consideraciones que ayudan a distinguir una restauración fiel de una intervención demasiado libre.
- Documentación rigurosa: verificar la coincidencia entre número de chasis, tipo de motor y carrocería original registrada por Bentley Motors o por el Bentley Drivers Club.
- Especialización del taller: confiar la restauración a especialistas con experiencia acreditada en modelos de preguerra, ya que las tolerancias y los materiales son muy distintos de los automóviles posteriores.
- Conservación de elementos originales: priorizar el chasis, el árbol motor y las placas de identificación frente a sustituciones por réplicas modernas.
- Historial deportivo: las unidades con participación documentada en carreras históricas pueden alcanzar valoraciones significativamente superiores en subasta.
- Investigación de procedencias: rastrear antiguos propietarios, participación en concursos de elegancia y presencia en registros como el de la Federación Internacional de Vehículos Históricos.
- Compatibilidad con la conducción actual: evaluar la posibilidad de incorporar mejoras discretas en frenos, dirección o iluminación para un uso seguro en rallies de regularidad.
- Autenticidad de la carrocería: confirmar que las modificaciones realizadas por Mulliner, Park Ward u otros talleres cuenten con planos originales y fotografías de archivo.