El Alpine-Renault A310, heredero de una leyenda

Cuando en 1971 Alpine-Renault presentó en el Salón de Ginebra el prototipo que sustituiría al célebre A110, la marca de Dieppe sabía que el listón estaba muy alto. El pequeño Berlinette, nacido en 1961 y perfeccionado a lo largo de una década, había conquistado el Mundial de Rallyes y se había convertido en un icono del automovilismo deportivo francés. La transición hacia un turismo de mayor tamaño exigía respetar la herencia deportiva de la firma sin traicionar su filosofía de ligereza y agilidad.

El A310 nació con una misión clara: ofrecer un coupé más habitable y confortable, capaz de competir en el creciente segmento de los deportivos europeos de los años setenta. Frente a rivales como el Porsche 924, el Lancia Beta Coupé o el BMW 2002, Alpine necesitaba una propuesta coherente con su imagen de fabricante especializado. La respuesta fue un vehículo que mantenía la disposición trasera del motor, la tracción en las ruedas posteriores y una construcción artesanal donde la fibra de vidrio volvía a ser protagonista.

Aunque comparte rasgos básicos con su antecesor, el A310 constituye una ruptura generacional. Es más largo, más ancho y más pesado, pero también más refinado en términos aerodinámicos y de confort. La carrocería de material compuesto, moldeada sobre un chasis multitubular, permitía a los ingenieros de Dieppe esculpir formas más modernas, con una silueta que preludiaba la elegancia minimalista de los deportivos franceses de finales de la década.

Orígenes y proyecto industrial

El programa de desarrollo del A310 arrancó a finales de la década de los sesenta, cuando Renault —propietaria de Alpine desde 1966— detectó las limitaciones comerciales del A110. La Berlinette era un coche excelente sobre tierra y nieve, pero su habitáculo reducido, su acceso incómodo y su producción casi artesanal lo alejaban del creciente mercado del Gran Turismo europeo. Los ingenieros dirigidos por Jean Rédélé, fundador de Alpine, debían concebir un modelo capaz de elevar el techo de calidad sin perder la esencia deportiva.

Para ello se decidió mantener la arquitectura de motor trasero central, una configuración que había dado al A110 sus mejores prestaciones en rallye. El chasis se rediseñó por completo, adoptando una estructura multitubular más rígida y apta para soportar suspensiones independientes en las cuatro ruedas. La plataforma se alargó casi veinte centímetros respecto a la del A110, lo que permitió ampliar la distancia entre ejes y mejorar el espacio interior, manteniendo una configuración 2+2.

El desarrollo aerodinámico fue responsabilidad del departamento de estudios de Renault, en estrecha colaboración con el centro técnico de Dieppe. Se realizaron ensayos en el túnel de viento de la marca para optimizar la penetración del aire y reducir el coeficiente Cd, que finalmente quedó fijado en 0,34. Esta cifra era competitiva para la época y se logró gracias a una trasera limpia, una luneta envolvente y la integración de las luces posteriores en el propio panel de carrocería.

Líneas exteriores e interior

Estilísticamente, el A310 representaba una evolución coherente con la modernidad de los años setenta sin abandonar la firma visual de Alpine. La carrocería baja, de apenas 1,15 metros de altura, y los pasos de rueda ensanchados evocaban el carácter deportivo del modelo. El frontal, con sus faros escamoteables y la rejilla central, recordaba a otros productos de Renault de la época, como el R15 o el R17, con los que compartía piezas comunes.

El perfil mostraba una línea de cintura ascendente hacia la trasera, donde la luneta envolvente abrazaba la parte posterior del habitáculo. Esta solución, inspirada en las propuestas italianas del momento, permitía mejorar la visibilidad trasera a la vez que reducía el ruido aerodinámico. Las manetas de las puertas, los marcos cromados y los paragolpes de goma negra eran detalles que subrayaban la vocación práctica del modelo, pensada para un uso cotidiano más allá del circuito.

En el interior, Alpine ofrecía un ambiente funcional pero cuidado, con tapicerías de tela, paneles de puerta esculpidos y un cuadro de instrumentos que incluía un enorme tacómetro central. Los asientos delanteros eran anatómicos y regulables, mientras que las plazas traseras —de uso ocasional— permitían ampliar la capacidad de carga. El volante, de tres radios y diámetro generoso, contribuía a la sensación de deportividad sin penalizar la comodidad.

La carrocería de fibra de vidrio

Uno de los rasgos distintivos del A310 era su carrocería de plástico reforzado con fibra de vidrio, moldeada artesanalmente en las instalaciones de Dieppe. Esta solución técnica, heredera directa de la tradición de la marca, permitía aligerar el peso total del conjunto y facilitar la reparación de pequeños daños mediante parcheo manual. A diferencia de otros fabricantes que recurrían al acero, Alpine podía ofrecer un coche más ligero y resistente a la corrosión, dos cualidades muy valoradas en la climatología francesa.

La fibra de vidrio no solo afectaba al peso, sino también al comportamiento dinámico. Una carrocería más ligera sobre el eje trasero reducía la masa suspendida y mejoraba la reactividad de las ruedas motrices, aspecto clave en un deportivo de motor central. El material compuesto permitía a los estilistas moldear formas más complejas sin recurrir a embuticiones profundas, lo que se traducía en una silueta más fluida y en una mayor libertad creativa para los diseñadores.

La producción artesanal limitaba la cadencia de fabricación: cada carrocería requería varias horas de trabajo manual, incluyendo la aplicación de capas sucesivas de resina, el endurecido en moldes y el posterior lijado y pintado. Este proceso encarecía la fabricación frente a las carrocerías metálicas producidas en serie, pero también confería al A310 un carácter exclusivo. Cada unidad salía de fábrica con pequeñas irregularidades que los aficionados identifican hoy como signos de autenticidad.

Mecánica y motorizaciones

En su lanzamiento, el A310 equipaba el motor Cléon-Fonte de 1.605 centímetros cúbicos, un cuatro cilindros en línea de origen Renault que entregaba 95 caballos en su versión inicial. Esta motorización, compartida con el R5 Alpine y otros modelos de la marca, ofrecía fiabilidad y unos costes de mantenimiento razonables, pero se quedaba corta de prestaciones para un coupé de casi 1.100 kilogramos. La velocidad punta rondaba los 180 km/h y la aceleración de 0 a 100 km/h se completaba en poco más de diez segundos.

En 1976 llegó la esperada versión V6, equipada con el motor PRV de 2.664 centímetros cúbicos, desarrollado conjuntamente por Peugeot, Renault y Volvo. Este propulsor entregaba 150 caballos en su primera especificación, lo que permitía al A310 alcanzar los 220 km/h y rebajar la aceleración a cerca de ocho segundos. La sonoridad del V6, refinada y progresiva, se convirtió en una de las señas de identidad del modelo y contribuyó a cimentar su reputación como Gran Turismo de referencia.

Las versiones posteriores, denominadas GT y Pack GT, introdujeron mejoras en la suspensión, los frenos y la caja de cambios. El A310 GT recibió neumáticos más anchos, barras estabilizadoras reforzadas y un diferencial de deslizamiento limitado, mientras que las variantes V6 Turbo preparadas por Renault Sport anticiparon el espíritu del futuro GTA. La transmisión manual de cinco velocidades, con relaciones cuidadosamente escalonadas, permitía aprovechar al máximo la curva de par del motor.

Característica Alpine A110 Alpine-Renault A310
Periodo de producción 1961-1977 1971-1984
Motorización 1.0-1.6 L, 4 cilindros 1.6 L 4 cilindros / 2.6 L V6
Potencia máxima 95-130 CV 95-150 CV
Peso en orden de marcha 620-700 kg 950-1.100 kg
Velocidad máxima 210 km/h 180-220 km/h
Carrocería Fibra de vidrio Fibra de vidrio
Configuración 2 plazas 2+2 plazas
Chasis Multitubular Multitubular
Tracción Trasera Trasera
Distancia entre ejes 2.100 mm 2.270 mm

El A310 en competición

Aunque el A310 no alcanzó las glorias internacionales del A110, sí participó activamente en pruebas de resistencia, rallyes y certámenes nacionales durante la década de los setenta. Su mayor tamaño y peso lo alejaban de la eficacia del A110 sobre tierra, pero su estabilidad y potencia lo hacían competitivo en circuitos rápidos y pruebas mixtas como el Tour de Corse o el Rallye de los Alpes. Varios equipos privados alinearon unidades en el Campeonato francés de rallyes sobre asfalto.

En circuito, el A310 compitió en las 24 Horas de Le Mans y en otras pruebas del Campeonato Europeo de Vehículos de Producción, aunque sin alcanzar resultados destacados. La versión V6, más potente y estable, permitió a algunos pilotos amateurs obtener victorias de clase en pruebas regionales. Estos resultados, discretos en comparación con los del A110, ayudaron a mantener viva la imagen deportiva de la marca durante los años de transición hacia el GTA.

Legado y coleccionismo

Hoy, el A310 es objeto de un interés creciente entre los coleccionistas europeos que valoran los deportivos franceses de los años setenta. Su producción relativamente baja —algo más de 23.000 unidades entre 1971 y 1984— lo convierten en un modelo poco común en los mercados internacionales. Las versiones V6, más escasas y potentes, son las más codiciadas, mientras que las primeras series de cuatro cilindros resultan asequibles y mantenibles para el aficionado medio.

El A310 representa la transición de Alpine desde el especialista artesanal hacia una marca plenamente integrada en el grupo Renault. Su diseño, su construcción artesanal y su motorización trasera lo convierten en un eslabón imprescindible para comprender la evolución del coupé deportivo francés. Para los aficionados, cada A310 conservado es un testimonio de la filosofía de ligereza, deportividad y elegancia que siempre ha definido a Alpine y que hoy reivindica la marca con sus modelos actuales.

Recomendaciones para coleccionistas

Para los aficionados que se acercan por primera vez al A310 conviene tener presentes los siguientes consejos: